viernes, 9 de junio de 2017

Reflexión personal sobre Psicoescritura

El siguiente artículo está escrito por María Fresno Galán, alumna mía de la Facultad de Educación (Univ. Complutense) 



María Fresno GalánLa escritura ha sido siempre mi vía de escape. Recuerdo escribir en mis cuadernos o diarios desde pequeña, y con apenas quince años abrí mi blog personal en Internet en el que, de vez en cuando, vuelco lo que siento o reflexiono acerca de mi propia vida o las que se cruzan conmigo. Principalmente cuando no comprendo algo que me está pasando, en el momento de escribir siento algo como: “Esto queda en el papel y ya no está dentro de mí”.

Comenzaré por decir que me ha encantado el taller que nos ha impartido Rita en la facultad. Ha sido vivencial y no sólo teórico, tal y como estamos acostumbrados en el sistema educativo. A lo largo del mismo he conocido y reafirmado los beneficios de la escritura: Escucharme para saber qué necesito, devolver la centralidad a mí misma y cuidarme, darme tiempo para escribir sin más recompensa que el propio bienestar, la reflexión y objetivar mi realidad. Supongo que esto depende de la persona, pero la facilidad de expresión que me permite escribir no la encuentro verbalmente. Cuando escribimos a mano el pensamiento (que suele ir más rápido que el movimiento manual) se acostumbra a ser más lento y organizado. De esta manera, comprendemos y regulamos nuestros pensamientos de una manera más saludable.

Si me refiero a la escritura en general y a la Psicoescritura en particular, he de decir que ésta última ha sido todo un descubrimiento para mí, tanto por los usos que se pueden hacer de ella (procesos de duelo, ámbito educativo o empresarial), como por la importancia que se da a que alguien te guíe, como hace Rita.

La manera de organizar el taller también ha sido beneficiosa: El primer reto consistía en contar la historia de nuestro nombre, ligada a nuestra propia identidad y autoestima. Es el nombre el que nos hace sentirnos especiales (algo que todos los seres humanos necesitamos) y cómo llevamos la carga positiva y/o negativa que implica. El segundo reto implicaba relatar una historia de la infancia, y fue curioso cómo la primera anécdota que me vino a la cabeza fue la gran decepción de mi vida: Enterarme de que los Reyes Magos eran los padres. Al compartir mi texto y con ayuda de Rita, fui consciente de que esto no era casual y tenía una gran conexión con mi momento de desengaño presente.

Tras el taller, he llegado a la conclusión que la familia y quienes nos educan en la edad temprana son cruciales para el resto de la vida, y que volviendo a la infancia obtenemos muchas respuestas a cuestiones actuales de nuestra vida adulta, por increíble que parezca. Cada sesión del curso ha sido una suma de lecciones de vida, pero uno de los más valiosos es la importancia que hay que darle al cambiar los “Tengo que…” o “Debería…” por los “Me gustaría…” o “Quiero…. “. También he comprendido que controlar todo es una utopía, por lo que debemos tener metas y vistas a corto plazo.

Me ha llamado la atención especialmente la técnica del feedback. Es buena porque permite expresar realidades, como son los sentimientos que una tiene y que no deben generar culpa ni atacar al otro. Considero que es absolutamente necesario que enseñemos a dialogar de esta manera, que tengamos en mente la estructura “Cuando tú haces, yo siento”.

De un tiempo a esta parte, la escritura se ha convertido en algo que me cura y ahora estoy muy interesada en formarme más en Psicoescritura. Siento que ahora ya estoy lo suficientemente centrada en este tema como para comenzar a profundizar en él con ayuda, y considero que será una herramienta muy útil para toda mi vida.